
Vuelta
Después de llegar en un santiamén al aeropuerto, nos dispusimos a realizar los trámites de aduana. De momento, no nos tomaron medida de la temperatura; aunque todos íbamos preparados.
Después de varios ajustes de peso, alguna que otra apertura de maletas, para verificar el contenido, e incluso algún que otro expolio de ciertos materiales que estaban prohibidos, subimos al avión.
En estos momentos, ya es noche cerrada.
Ascendemos hasta los 11 K
m, y ponemos rumbo al Norte. En el horizonte se ve un Sol reluciente, que se mantiene sin moverse de sitio durante mucho tiempo.Pasan varias horas, que aprovechamos para dormir, y el Sol nos sigue impertérrito. Después de mucho tiempo, comienza a hacerse de noche realmente, y cuando desaparece el Sol, nos anuncian que nos van a servir el desayuno. Resulta que estamos ya muy cerca de París, y hay que prepararse para aterrizar.
Apenas tocamos tierra, volvemos a ver el Sol que aparece sobre el horizonte. Son las 6:15 de la mañana, y esta vez el amanecer es definitivo. Otra vez hemos tenido un Sol de medianoche, y un par de amaneceres, y otro par de anocheceres. Qué noche la de aquel día, que dirían los Beatles.
Después de recorrer medio aeropuerto, y despedirnos unos de otros unas cuantas veces, buscando cada uno sus puertas de embarque, conseguimos llegar al avión que nos llevará a Valencia.
Una vez tomada tierra en Manises, y recogidas las maletas sin que hubiera ninguna novedad importante, es decir, no se perdió, ni destrozaron ninguna, cogimos nuestro microbús, y partimos rumbo a Gandía. Hacia las 14:00 llegamos, y ya camino de casa… pasamos por delante de Mercadona… paramos a comprar algo de comida… y lo primero de todo fue: una tortilla de patata de esas refrigeradas, y unos tacos de jamón. Fue una delicia poder comer tortilla de patata después de no sé cuantos días, a pesar d
e que era de esas prefabricadas.Y hasta aquí llegó este diario sobre el mayor viaje de nuestra vida. Hemos visto un país muy distinto al nuestro, un país que es el futuro, y hemos visto un eclipse, que es el mas largo del siglo, en el país mas poblado (creo…).
Sólo queda dar las gracias a todos los participantes por su paciencia, sobre todo en algunos momentos difíciles al principio del viaje (con jet lag incluido), a Yaqin por su dedicación, aunque no siempre era comprendida por nuestras mentes occidentales, y sobre todo, dar las gracias también a Enric Marco, sin cuya colaboración, estas “crónicas orientales” no hubieran sido posible, ya que a pesar de todo el “capitalismo subyacente”, no hay que olvidar que el país del que venimos es comunista, y tienen Internet bastante controlado, siendo imposible el acceso a muchísimas páginas, entre ellas nuestro propio blog.
Y como decían nuestros clásicos del Siglo de Oro, al acabar las representaciones teatrales:
Aquí acaba la comedia,
Perdonad sus muchas faltas.
Nota final: No ha sido una comedia. Ha sido real como la vida misma.
Marcelino Alvarez
1 comentario:
Bravo!!! No es posible una mejor crónica. Realmente da gusto ver nuestro viaje tan magníficamente documentado. Es como tener la seguridad de que existirá para siempre. Muchísimas gracias.
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